De unos años a esta parte se oye hablar mucho del síndrome posvacacional. En realidad se trata de la dificultad para volver a la rutina y a las obligaciones después de un periodo un poco largo de descanso, como el que proporcionan las vacaciones de verano. Y se traduce en falta de ánimo, decaimiento, apatía, sensación de hastío o incluso ansiedad.

Pero hay un estrés que no aparece después del buen tiempo y la piscina, sino durante las mismas vacaciones, mientras tomamos el sol, nos damos chapuzones o visitamos el casco antiguo de una ciudad. Se trata de lo que unos psiquiatras austriacos bautizaron en 2004 como la “depresión de la tumbona”. Con esta denominación se referían a la ansiedad que mostraban algunos pacientes con dificultad para olvidarse del trabajo en sus periodos de descanso estival. Hoy, ese síndrome, también conocido como “estrés vacacional” o “bajón veraniego”, está cada vez más extendido.

La psicóloga Silvia Sumell, que también es profesora de la Educación de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC), asegura que los que lo padecen muestran “dificultades para pensar con claridad, problemas de atención, concentración y memoria, cansancio, problemas para dormir o sensación de no haber descansado lo suficiente”, entre otras cosas. El cuadro se puede completar con alteraciones del apetito, aumento del consumo de tabaco o de ingesta de alcohol o dulces o pérdida del deseo sexual. Como resultado final, los estresados veraniegos pueden acabar tristes, desmotivados, irritados y sobre todo con la sensación de que no han disfrutado en un periodo pensado para reponer fuerzas.

Un problema bioquímico

Pero ¿por qué pasa esto? La base, como tantas veces, es química. “Mientras se trabaja a un ritmo trepidante, los niveles de cortisol y adrenalina (las dos hormonas relacionadas con el estrés) son elevados. La adrenalina hace que nuestro sistema inmunológico esté más fuerte y el cortisol actúa como antiinflamatorio, todo ello para que podamos aguantar largas jornadas. En cambio, cuando entramos en ‘modo vacaciones’ estos niveles de hormonas disminuyen, con lo que nuestro sistema inmunológico se deprime y podemos enfermar con más facilidad o tener algunos problemas de salud”, explica Silvia Sumell.

Cuanto más adictos seamos al trabajo, lo que los anglosajones llaman workaholic, más papeletas tendremos para caer en esta melancolía veraniega. El estrés de las vacaciones se ceba en personas muy autoexigentes y que delegan poco. Que viven por y para su carrera profesional y que durante el año tienen poco tiempo para el ocio o para su familia. El problema es que cuando llega el verano, estos adictos al trabajo se encuentran desocupados todo el día y no saben qué hacer. Y sin una rutina cargada de responsabilidades, deadlineslargas reuniones, llamadas de teléfonos y una bandeja de email desbordada de correos, acaban por desestabilizarse. El ocio y la pereza son sus enemigos. 

Incapacidad para delegar

A estas personas también les aterra lo que pueden encontrarse a la vuelta si no siguen trabajando durante el periodo estival. Según el último informe anual de Infojobs y Esade sobre el mercado laboral en España, un 34% de los empleados se cree imprescindible en su puesto, lo que tampoco ayuda a pasar unas buenas vacaciones. El problema puede estar en la falta de personal en las empresas para sacar adelante las tareas, pero también muchas veces puede ser una cuestión de desconfianza y de incapacidad de esas personas para delegar en terceros.

Ese informe demuestra que cuanto más alto esté uno en la jerarquía empresarial, más difícil le será desconectar en vacaciones. Así, hasta un 84% de los directivos asegura que se conecta a la oficina por teléfono o por email en vacaciones. La realidad, sin embargo, demuestra que los trabajadores rinden más si desconectan y descansan unos días. Además, la desconexión previene enfermedades psicológicas, musculares y del sistema nervioso.

Según un informe de la UOC con datos de Randstad, hay otras causas colaterales y menos evidentes del estrés vacacional. Una de ellas es el no haber organizado las vacaciones de verano con tiempo.También es un problema el organizar unas vacaciones muy estresantes, con todos los días con actividades planificadas mañana, tarde y noche. Hay que hacer cosas, pero sin agobios. Por último, está la familia. Un periodo de vivencia intenso con pareja e hijos para una persona que durante el año los ha visto poco puede dar lugar a conflictos y a elevar el nivel de estrés.

¿Cómo evitar el estrés vacacional?

Aquí van unos cuantos consejos para evitar el estrés vacacional:

  • DesconectaLa desconexión digital es un derecho que todos debemos exigir. En algunos países, como en Francia, está regulado por ley. En el caso de que no se pueda reprimir la necesidad de consultar el smartphone para ver el correo o el WhatsApp, o para hacer llamadas de trabajo, lo mejor es obligarse a hacerlo solo un día a la semana y en una franja horaria concreta. Y no lo hagas justo antes de acostarte.
  • Aclimátate al ritmo de las vacaciones. Unos días antes de hacer la maleta y empaquetar las palas de playa conviene bajar el ritmo de trabajo. Es como cuando queremos conciliar el sueño y vamos bajando la exposición a la luz y la actividad en casa para conseguirlo. Además, ten en cuenta que no todo el mundo es capaz de desconectar el primer día y desde la primera hora. Tómate tu tiempo.
  • Planifica unas vacaciones realistas. Piensa con tiempo lo que quieres hacer y planifica unas vacaciones que no te estresen nada más pensar en ellas, porque has anotado mil sitios que ver y no se sabe cuántas actividades a realizar. De hecho, no es bueno ocupar todo el tiempo con actividades. Hay que aburrirse porque precisamente esos momentos de ocio sin un objetivo predeterminado se pueden acabar convirtiendo en los más memorables de las vacaciones.
  • Di no a las vacaciones “perfectas”. Si uno va buscando que todo salga a pedir de boca, acabará frustrado porque siempre va a haber imprevistos y contratiempos. Ten en cuenta que tus vacaciones dependen de muchos factores: vuelos, hoteles, la climatología… Conviene tomárselo con calma y estar dispuesto a cambiar de plan en cada momento.
  • Descansa todo lo que puedas. No madrugues si no es estrictamente necesario. Échate una pequeña siesta siempre que puedas. Resérvate también un tiempo para estar solo, paseando, leyendo.
  • Mindfulness. Presta atención al “aquí y ahora”. Disfruta del presente y que los planes de futuro o las obligaciones del resto del año no acaparen tu atención ni te quiten el sueño. Tu familia y tus amigos te agradecerán que les dediques toda tu atención. Y tú también lo agradecerás.

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Fuente: hablemosdeempresas.com